Progres can’t even: La progresía uruguaya no puede entender a Trump, porque está atrapada en su propia burbuja ideológica

Progres Can't Even
Progres Can’t Even

Entre las cosas que nos unen a la mayoría de los Uruguayos que de una forma u otra apoyamos a Varones Unidos, está el agobio que nos genera el periódico “progre” por antonomasia, La Diaria.

Desde sus páginas parece hablar la “intelectualidad” domesticada, adoctrinada en los claustros políticamente correctos de unas facultades que no se dieron por enteradas todavía de la caída de la Unión Soviética. Una “intelectualidad” salpicada con la arrogancia de treitañeros (y cuarentones) progrechetos, egresados de universidades privadas, para los que el periodismo es otra forma de hacer política y hacer política es otra forma de seguir postergando el fin de su adolescencia.

Era natural, que el tono tantas veces normativo de La Diaria, nos caiga a nosotros, los jóvenes liberales que estamos por fuera – porque la libertad está afuera – , como el discurso de una doña que se viste de minifalda, medias de red, se tiñe de rojo y espera ser aceptada como líder de nuestro grupo de amigos porque se anima a fumarse un porro.

Por esto quizás, cuando Oscar Larroca compartió en su Facebook un artículo de ese portal titulado “No entiendo qué pudo haber fallado“, de Sandino Nuñez, sobre la victoria de Donald Trump, lo pasé por alto, asumiendo que sería un ensayo propagandístico nauseabundo como los de Gabriel Delacoste, pero Oscar me paró el carro – lo que agradezco – y me di cuenta de que me estaba equivocando, que estaba siendo arrogante, haciendo lo que lo peor de la progresía hace con nosotros, y prejuzgándolo, por lo que me decidí a leerlo y como siempre que hacés esto, en parte confirmé lo que suponía y en parte aprendí algo nuevo.

El progresismo no entiende a la derecha

Lo primero en lo que confirmé mis presuposiciones, es en que el progresismo Uruguayo no entiende de dónde viene el apoyo popular a la derecha, ni acá, ni en Europa, ni mucho menos en Estados Unidos.

No-personas en Estados Unidos

Rápidamente sucumbe a la tentación de menospreciar al votante de derecha y tildarlo, como hace Sandino en el artículo, de Rednecks, Hillbillies, etc. ¿Esta es la misma izquierda que lucha contra la injusticia de los estereotipos? En fin…

Me resulta bastante obvio que no soy un “derechista” aunque para muchos nuestra oposición al feminismo nos convierte inmediatamente en eso. Como la mayor parte de Varones, me considero independiente, pero entiendo perfectamente las motivaciones del abanico de personas comunes y corrientes: hombres, mujeres, latinos, afroamericanos, trabajadores del carbón, gays, que votaron por Trump, a quien tampoco consideraría como un derechista.

Una vez que dejás de caricaturizarlos, imprimiéndoles un estereotipo (quizás por miedo a que tengan razón), podés empezar a entenderlos, pero levantar el velo del desprecio es un pre-requisito para entender al otro.

No-personas en Uruguay

Trayéndonos a Uruguay, hace algunas semanas, se conocieron los resultados de una encuesta que parecía indicar un creciente apoyo a la participación de las fuerzas armadas en el gobierno si esto ayudaba a mitigar problemas como la inseguridad. La reacción del establishment mediático progresista fue la misma: Horrorizarse por el carácter anti-democrático de la gente. Esto, en lugar de hacer un mea culpa y reconocer lo evidente: que el manejo realizado del problema de la inseguridad ha sido malo y que las alternativas ideológicas genuinas que ofrece el sistema político son casi inexistentes.

La caricaturización, ataques y burlas dirigidas hacia quienes expresan preocupación por el tema de la inseguridad en Uruguay, han sido análogas a las realizadas contra los votantes de Trump durante la campaña y análogas a las realizadas contra los votantes del Brexit. En ambos casos, a esa “new left” atrapada en su propia burbuja ideológica, su habito de deshumanizar al que piensa distinto, le ha impedido entenderlo, acabando en rotundos fracasos electorales.

Alt-Left

Quienes considero amigos y colegas, dentro de la izquierda Uruguaya aspiran a que esta entienda que debe hacer una autocrítica sincera que le permita reformarse para dejar de encerrarse a sí misma en un fundamentalismo ideológico moralmente tóxico y que en términos prácticos parece destinado a destruirla, porque es incompatible con la libertad de expresión y la democracia.

Pero yo no soy tan optimista en cuanto al futuro de la izquierda en Uruguay, creo que en lo que podríamos llamar la izquierda alternativa hay esperanza, pero su realización no será posible hasta que la izquierda sea derrotada: despojada de su poder y de su ilusión de popularidad. Solo en esa situación, con las barbas en remojo, estará en condiciones de poner en duda creencias que se han convertido inadvertidamente en dogmáticas.

Es demasiado grande – y relevante – la porción que está intoxicada con este cóctel de poder estatal y consenso ideológico simulado que emana desde los medios. No será capaz de despertar, hasta que una derrota contundente como lo fue la victoria de Trump rompa la hipnosis y la arroje a un período de reflexión que – si tenemos suerte – culminará en una izquierda flexible y abierta, que utilice el pensamiento ideológico en lugar de estar paralizada por este, y que sea capaz de darle una oportunidad, de escuchar, de entender al otro, evitando caer en la tentación de los atajos de la arrogancia y del prejuicio.

Compartir TWITTEAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *