Transexualizando el deporte femenino – por Tomás Gonzalez Pondal

La relación realidad-palabra me genera varias inquietudes. Por ejemplo, si uno tiene presente esta época trans-formista en donde estamos presenciando las cosas más insólitas imaginadas (“sirenos” en aguas brasileras), leer una noticia en la que se hace saber que la justicia permitió a un hombre que se cree mujer jugar de manera federada en un equipo de hockey femenino, y, que encima digan:

“Fue una lucha incansable para Mía Gamiatea, que no será una leona dentro de la cancha pero luchó para cumplir su sueño”

Abre la puerta a una cuestión muy peligrosa que, desde luego, la prensa indicada es incapaz de ver. Sucede que el hombre transformado podría también creerse una leona. No es ficción.

El fallo judicial que habilita a un hombre que se considera mujer a jugar en un equipo de mujeres, está basándose para la concesión aberrante, en un principio que va más allá de lo que se elija como modelo de transformación.

El fallo sencillamente está diciendo:

“puedes devenir en aquello con lo que te identifiques”.

Y es en razón de ello que, si el hombre en vez de creerse mujer realmente se creyera una leona, por las mismas razones que la justicia (¿?) le permitió federarse en calidad de mujer, debería permitírselo en calidad de felina. Sería muy pero muy “discriminatorio” conforme a la “identidad de género” de-generada, no permitirle a un hombre que se cree una leona jugar en un equipo de hockey femenino.

¿Se imaginan ustedes lo que podría llegar a verse si el director técnico le grita “ponele garra”? Para el caso, el mejor argumento que se me ocurre para probar la falsedad de todo este circo espantoso que estamos viendo, es poner al hombre que se identifica con una leona, en una manada de verdaderas leonas. Seguramente lo reconocerán: lo reconocerán como comida para devorar.

Por si no quedó claro lo anterior, puede un hombre de cuarenta y nueve años considerarse un chico de siete, y pedir a la justicia (¿?) en nombre de la “no discriminación, de la identidad y de la igualdad”, que falle a su favor permitiéndole ingresar en un equipo de fútbol infantil (de niños de siete años), pues él hace tiempo se identifica con una criatura de esa edad.

Y como ahora están acostumbrados a pasar por encima a los padres y hablan de la plena libertad de los niños, bien puede una niña de diez años presentarse a la justicia (¿?), decir que se cree un señor de veintiocho años, y solicitar, fundada en la “identidad, la no discriminación y la igualdad”, que la dejen ingresar en el equipo de rugby de los All Blacks. No quiero imaginar lo que sería si a los All Blacks les diera por trans-formarse y pedirle a la justicia participar en las ligas femeninas de hockey de chicas menores de doce años.

Les resulta muy sencillo decir que ahora son sirenas, y nadar con una cola plástica por aguas cálidas de mar; claro, las sirenas no existen. Pero hasta ahora nunca vi que elijan ser un felino agresivo y presentarse realmente en el hábitat de la especie. Nunca escuché a uno de los partidarios del transformismo devenir en oso gris y meterse a vivir en una cueva con un oso real. No es casual, es causal. Digan lo que digan, no se juega con la naturaleza.

Sea como fuere, la prensa, refiriéndose al “trans”, señala: “Eso lo convirtió en una leona a su manera.” Repito, no tiene idea el alcance de lo que eso puede significar ahora.

Promotores de la Degeneración

El derrotero que nos trae la noticia fue el siguiente: “La chica trans no tenía permitido participar de los torneos y en julio del año pasado recurrió al Área Diversidad de Género de la Secretaría de la Mujer para que la ayude. En mayo de este año había obtenido una aprobación transitoria para competir, luego de un año de lucha. Pero la noticia que recibió ahora es mucho mejor para ella. La Justicia le dio la sentencia definitiva. Gema Rosales, responsable del Área Diversidad, destacó:

‘Esta es una victoria de la igualdad, que sembrará un precedente en todo el país´

A lo anterior se lo ve como una victoria de la justicia y de la igualdad. Pero no hay asomo de justicia ni miras de igualdad: todas las mujeres de un equipo de hockey notarán una fuerza extraña que las supera; si hay una pelea –normalmente ocurren en los partidos-, el hombre camuflado dejará en muy malas condiciones a la mujer con la que se enfrente; las mujeres de hockey al cambiarse en el vestuario, acaso tengan que ver contra su deseo, un pene que le cuelga a alguien que les dice contra toda evidencia: “yo soy mujer como ustedes”.

En resumen: ¿por qué todas esas mujeres deben vivir todo eso, por culpa de un fallo que es una burla a la justicia? Es mentira que les importa la mujer. Medidas como las aquí desenmascaradas no implican en modo alguno defender a la mujer contra las transformaciones, sino que defienden a las trasformaciones contra la mujer.

Quedó expuesta una injusticia a la que le gusta trans-formarse y creerse que es Justicia.

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