Sociólogo especialista en Violencia: “La honestidad intelectual es una materia pendiente de muchos de los movimientos feministas”

Con el sociólogo uruguayo especializado en violencia Leonardo Mendiondo, dialogamos sobre el feminismo, su realidad y la perspectiva femenina sobre el problema de la violencia. También abordamos el tema de la masculinidad: en particular del fenómeno de la instalación de las barras bravas en la sociedad uruguaya y la catarsis emocional que permite el deporte como válvula de escape. 

*.- ¿Porqué se da en nuestra sociedad la cultura de las barras, que se dan en el deporte y hasta en política?

Un poco de historia. Desde siempre, las personas se han agrupado de acuerdo a un sentimiento moral de pertenencia a una determinada comunidad. En las sociedades premodernas, ese sentimiento, esa forma de ser, de pensar o sentir en comunidad, se basaba en una conciencia de tipo colectivo. Esto es, una conciencia social poco diferenciada donde los individuos privilegiaban sus semejanzas. No había por tanto, una diferenciación de creencias dentro del grupo; todos pensaban más o menos igual compartiendo un único sistema de valores. Quien empujaba los límites de esa forma de ser en comunidad, de inmediato se convertía en “bruja” y a lo hoguera!  A este tipo de solidaridad (que funcionaba como un verdadero adhesivo para mantener cohesionada a la comunidad) Emile Durkheim la llamó solidaridad mecánica. Más acá en el tiempo, durante el desarrollo de la modernidad, se produce un cambio cualitativo en la forma de relacionamiento social: la cohesión no ha de basarse en las semejanzas sino que en lo sucesivo, se basarán en las diferencias. Es decir, se pasa de una conciencia colectiva a una conciencia individual; de una solidaridad mecánica a una solidaridad orgánica. Deja de ser sustantivo pensar igual que el otro; lo sustantivo ahora, es coexistir con el diferente. Ya no más semejanza sino complementariedad con el otro: una pareja heterosexual es un buen ejemplo de ello. Ahora bien, los procesos de globalización marcan una pérdida de referencia y los individuos comienzan a sentirse perdidos en el tiempo y en el espacio, ya que no pueden reconocerse en esas macro solidaridades (o aldeas globales) donde las relaciones cara a cara, ceden el paso a las relaciones virtuales. Necesitamos pues, apelar más a lo local, a lo conocido, a lo tangible, a buscar en la diversidad de creencias, formas de ser y sentir, a nuestros iguales: he ahí el regreso a procesos de ‘neo’ solidaridades mecánicas. Las barras bravas al igual que algunos movimientos feministas negadores absolutos de la masculinidad, constituyen buenos ejemplos. Cada vez queremos ser más nosotros mismos y menos el otro. Y para ser cada vez nosotros mismos, debemos reafirmar con desmedido énfasis nuestra identidad demonizando al diferente, convirtiéndolo en nuestro enemigo, a veces real y elegidamente simbólico. Tales enemigos, resultan de vital importancia para reafirmar nuestra identidad en oposición “al otro” diferente de nosotros. Estos procesos constituyen en suma, modestos fundamentalismos que requieren del largo tiempo para su consolidación. Pensemos en las barras y su progresión histórica: el pasaje de ser un simple espectador, aficionado, hincha, barra y finalmente barra brava profesional, requirió más de 100 años. Igual lapso de tiempo requirieron los movimientos feministas de principios del siglo XX hasta los actuales en su pasaje de reclamar sus legítimos derechos a exigir (para el caso del Reino Unido) la reclusión de los hombres en campos de concentración.

*.- ¿No se ha encontrado otra opción que en la masividad poder hacer catarsis emocional?

Ya bien entrada la modernidad se produce la aparición de la sociedad de masas y con ella,  lo que la escuela de Frankfurt denominó el idiota cultural. No ya el individuo dirigido interiormente por su propia autorreflexión sino aquél guiado externamente a través de sutiles manipulaciones: es el teledirigido, el que habita en su ilusoria Matrix; aquel que percibe y acepta sin cuestionamientos ulteriores la realidad que le tocó vivir. Es en esa sociedad de masas que comienza a aparecer el anonimato y la catarsis emocional de tipo personal, halla su espacio de referencia en contextos masificados. Gustave Le Bon hace más de 100 años estudió (en un análisis que no ha sido superado aún) el comportamiento de las personas cuando se constituyen en muchedumbre.

*.- ¿El ‘anonimato’ hasta donde permite liberarse al individuo y conseguir una válvula de escape?

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En pocas palabras, cuando estamos amparados en el anonimato nos comportamos como manada. Si bien toda reunión de personas no constituye una muchedumbre, cuando las condiciones son propicias, las personas son capaces de realizar los actos más altruistas o los más deleznables, ya que el impulso subyacente de la muchedumbre no admite ambigüedades: hagamos una marcha silenciosa por los detenidos desaparecidos (versión altruista) o quememos todo y matemos otro “bolso” (versión sacada). No hay puntos intermedios. Desde luego que un sujeto aislado no realizaría las cosas que sí haría cuando se reúne en muchedumbre…el anonimato bien nos puede devolver nuestra condición animal. Recordemos que si bien poseemos un delgadísimo barniz social que mediatiza nuestros impulsos más bajos, seguimos siendo en esencia naturaleza como bien nos lo recuerda Erich Fromm en su libro El miedo a la libertad.

*.- ¿ Ante el crecimiento que viene teniendo la mujer en todas la áreas, que papel cree juega la misma y la mirada feminista hacia esta situación?

La mujer, participa y colabora activamente en la construcción de la vida social y sus imaginarios. La aparente supremacía del hombre solo tiene algunos cuantos visos de realidad que es necesario admitir y modificar. A un tiempo, también es necesario ir al rescate de un nuevo concepto de lo femenino, de una transformación cultural que evada los lugares comunes por los que suelen transitar, mal que les pese: no es posible colonizar nuevos aspectos de lo social si no nos bajamos de otros.  Así lo entendió una de las feministas más destacadas que en mi concepto tuvo el movimiento feminista a comienzos del siglo XX y me refiero a la Maestra María Abella de Ramírez. Realmente la admiro por su honestidad intelectual, materia pendiente de muchos de los movimientos feministas que pululan hoy en nuestro país y el mundo. No generalizo; hay movimientos que trabajan reivindicando, con indudable justicia, un conjunto de aspectos verdaderamente inadmisibles en nuestra sociedad. Sin embargo, hay algunos movimientos reivindicativos que se parecen más a una barra brava que a una representación de mujeres en lucha. Tales iniciativas, no solamente desacreditan al resto: provocan el efecto contrario.

*.- ¿Este tipo de masculinidad primitiva, cómo cree que se ve desde el ojo del feminismo y otros sectores más apegados a otra realidad?

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Como la pobreza, ciertas vindicaciones terminan siendo un negocio, un estúpido lugar común que al tiempo que se alienta, reniega de él: estamos en el mundo del machismo cultural; en el delirante mundo donde el hijo varón es “el nene” que hay que atender y la hija, la asexuada nena de papá, quien debe limpiar el baño.

*.- ¿Puede la mujer, y ante lo que se ve en redes sociales, formar parte de este mundo de las barras como partícipe de las mismas o es un mundo de varones?

Así mismo, el “mercado afectivo” no admite a hombres sensibles sin dinero, trabajo o una buena posición; todavía se espera al príncipe azul o al “buen candidato” hecho que acredita una miserable e irónica forma de prostitución socialmente aceptada. En definitiva, hay un mundo de varones que está en crisis y que requiere de la construcción de una nueva masculinidad; la tarea no es sencilla cuando desde la cultura en la que vivimos, se requiere todavía del macho proveedor. Sin embargo, las cosas no quedan atadas así no más. El cambio, es una realidad necesaria y justa. Mujeres y hombres tienen materias pendientes así como también, nichos confortables que no son fáciles de abandonar. Ni una menos; ni uno menos.

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