El problema con las Leyes de Cuotas por Género – por Pablo Laurta

Foro para incrementar la participación de las mujeres en política.
Foro para incrementar la participación de las mujeres en política.

La imposición de cuotas por sexo en la política es una medida que en principio parece igualitaria y positiva. ¿Quién podría estar en contra de que las mujeres tengan igualdad de oportunidades para acceder a cargos públicos? ¿No? Pero al tomar en cuenta información que se está excluyendo del debate público, las leyes de cuotas lejos de combatir la desigualdad de oportunidades, la profundizan.

Lo que se propone y cómo se justifica

Quienes proponen este tipo de medidas se apoyan en la “sub-representación femenina” en los cargos electivos y alegan que esto es causa de una inercia cultural que dificulta el acceso de las mujeres a posiciones de poder.

Por ende, proponen la fijación de un porcentaje mínimo (generalmente del 30%) que deba estar reservado para mujeres y en casos extremos, como en Argentina, el 50%.

Así empaquetado parece precioso. Pero hay dos puntos en los que estas propuestas muestran su lado retrógrado y ambos quedan en evidencia al tomar en cuenta la diferencia de intereses entre hombres y mujeres.

La diferencia de intereses

Es un hecho que no le escapa a nadie que tenga sentido común, ni a nadie que se haya tomado el trabajo de investigar sobre las diferencias de intereses entre hombres y mujeres, que las mujeres están como grupo sustancialmente menos interesadas en informarse sobre y en especial en participar de la política. Sencillamente no les parece tan interesante como a los hombres. Este punto es un hecho irrefutable.

Tomándolo en cuenta, vemos que si repartimos en mitades iguales los cargos electivos entre hombres y mujeres, supongamos que hay 2 cargos electivos: uno para una mujer y otro para un hombre. Si de 10 mujeres, 2 están interesadas en participar, pero de 10 hombres, 8 están interesados en participar. Si esos 8 hombres deben competir por un puesto, mientras solo 2 mujeres compiten por el otro, para las mujeres interesadas en política será 4 veces más fácil que para los hombres acceder al cargo. ¿Es igualdad de oportunidades, o todo lo contrario?

Igualdad de Resultados Vs. Igualdad de Oportunidades

Este es el problema de legislar igualdad de resultados por la fuerza. Como los seres humanos #NoSomosIguales, sino diferentes, imponer una igualdad de resultados implica paradójicamente imponer una desigualdad de oportunidades y generar todo tipo de injusticias.

Esta desigualdad de oportunidades generará a su vez como otros críticos apuntan, que la calidad de las mujeres que ocupen los cargos no sea tan buena, al tener que enfrentarse a menos competencia para llegar allí que los hombres, pero más que una cuestión de efectividad, algo que siempre es relativo cuando hablamos de política, lo grave está en la desigualdad de oportunidades de acceso a la política que las leyes de cuotas generan contra los hombres.

Contrargumentos

Quienes apoyan las leyes de cuotas podrán ensayar una defensa indicando que las mujeres no se interesan en política porque no ven mujeres en política. Ahora, lo que dicen los datos es que a pesar de que cada vez son más las mujeres en la política, el interés de estas por participar o informarse sobre la misma es el mismo o incluso menor que antes, por lo que la desigualdad de oportunidades contra los varones, profundizada por la ley de cuotas, no se revertirá sola como sugiere este argumento.

Otras dirán que las mujeres son un género oprimido y que esta desigualdad generada a favor de las mujeres vendría a compensar por la desigualdad en contra de ellas en otros ámbitos. Pero si tomamos en cuenta los privilegios otorgados por ley a un género son casi exclusivamente otorgados a mujeres, o datos de la realidad como que las mujeres son (y por un margen cada vez más amplio) la mayoría de los graduados universitarios (Fuente), con los privilegios innegables que esto conlleva), o las menores condenas que la justicia les imparte, la condición de “oprimido” del género femenino que se vendría a compensar se vuelve una afirmación cada vez más obtusa.

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