Machismo y Feminismo: Dos caras de la misma moneda

El feminismo se presenta como «alternativa» al machismo pero lejos de castigar a los hombres machistas, justifica los prejuicios anti-femeninos y le debe la legitimidad que le queda, a la extendida creencia de que las mujeres son inferiores.

«arte» misándrico feminista

Como punto de partida, hay que establecer que el movimiento político feminista actual no tiene como objetivo una relación equilibrada ni justa entre la dignidad del hombre y la mujer, sino simplemente la transferencia de «poder» (recursos, derechos, privilegios, honor, respetabilidad, etc.) del sexo masculino al femenino, reduciendo toda consideración moral al volumen y el sentido de esa transferencia de poder.

El machista contemporáneo

La inexistencia de un movimiento «machista» que busque explícitamente la supresión de la femineidad tiene su raison d’etre en que el machismo contemporáneo es una expresión individualista y liberal.

El machista no ve la relación entre hombres y mujeres como las feministas, desde el lente colectivista, sino solamente su situación personal respecto de la mujer. Considera que si tiene acceso suficiente y gratuito al sexo (aspecto único de consideración de lo femenino), su necesidad respecto a la mujer está satisfecha.

En tanto se considera como individuo desintegrado tanto de la sociedad, y naturalmente superior a la mujer, lejos de ver al feminismo como una amenaza, lo festeja desde la arrogancia la impunidad para la mujer que el feminismo ha sonsacado a la política en base sus campañas de extorsión emocional.

El machista es pro-aborto. Ya que como individualista acérrimo, pretende sacar partido sexual de la mujer con impunidad para evitar el sacrificio de proveer para un hijo.

En su concepción de la sociedad como un conjunto desarticulado de individuos, es ciego a la importancia de la organización política y la acción social, perdió la aptitud para reconocer intereses comunes, y defenderlos efectivamente a nivel político y social.

Como expresión de la masculinidad este machismo es espiritualmente vacío y políticamente inepto. En su ilusión de autosuficiencia es frágil. Se niega a ver que está solo. En su imaginada superioridad está la fuente de una debilidad cada vez más palpable. En ella, está abrazado a una mentira que tarde o temprano la realidad le destroza y ahí… Cuando pierde el trabajo, cuando la mujer lo abandona, cuando la fragilidad y la debilidad de su posición emergen de las sombras, desde lo que se ha venido ocultando a sí mismo… Ahí explota con furia, violencia y desesperación. Suicidándose a veces, otras llevándose a su mujer, a sus hijos o a cualquier desafortunado que se cruce en su camino con él.

El Feminismo Machista

Los datos son elocuentes. Las tasas de violencia contra las mujeres no se han reducido un ápice desde que se han comenzado a aplicar en todo occidente las políticas recomendadas por el movimiento feminista. Al contrario, se han recrudecido, con los países que hicieron punta en feminismo como Suecia convertidos en la capital europea de las violaciones sexuales, difícilmente se pueda seguir sosteniendo con integridad intelectual que el feminismo funciona para reducir los índices de violencia sexual contra la mujer.

Si somos serios en cuanto a desarticular este machismo y los problemas sociales que causa, tenemos que ofrecer una alternativa a una «lucha» feminista que se reduce a secuestrar millones de euros en recursos públicos, y obtener privilegios sin mérito alguno, basándose en un relato reparacionista análogo al de los nazis respecto de los judíos durante la segunda guerra mundial y el de los negros respecto a los blancos en sudáfrica (ver el documental «Farmlands» de Lauren Southern) en la actualidad, donde la situación de los primeros fue catalogada como «riesgo de genocidio» precipitando a Australia a darles asilo y estatus de refugiados.

Lejos de orientarse a reformar la lógica machista, el feminismo la abraza. Considera al poder como el único objetivo de su movimiento, destrozando las posibilidades de aprecio genuino y empatía entre los sexos. Niega la espiritualidad. Trivializa la intimidad. Se regodea en el materialismo. Ve en su poder como movimiento la justificación para ejercer violencia institucionalizada contra los hombres por el único motivo de su sexo. En lugar de plantear una alternativa al desprecio y la violencia entre hombres y mujeres, meramente los cambia de sentido y lo que es peor, los institucionaliza.

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