Cómo podemos usar el #Coronavirus para acabar con la #Indigencia – por Pablo Laurta

Esos seres humanos olvidados, a los que con «políticas con sensibilidad social y perspectiva de género» los progrechetos les garantizaron el «derecho a dormir en la calle», hoy tienen una habitación calentita, una cama donde dormir, agua caliente, jabón, toallas limpias para bañarse y comida preparada para ellos. ¿Por qué les molesta?

¿No deberíamos estar orgullosos de que la vivienda digna, un derecho humano básico y fundamental, consagrado en la constitución de la República, es desempolvado y finalmente, parece que vamos a respetarlo?

Artículo 45
«Todo habitante de la República tiene derecho a gozar de vivienda
decorosa. La ley propenderá a asegurar la vivienda higiénica y económica, facilitando su adquisición y estimulando la inversión de capitales privados para ese fin.»

Quienes los conocemos sabemos que los campeones de la «inclusión», no ponen el grito en el cielo porque les asuste el gasto de 315 pesos que hace el estado en darle condiciones de vida digna a un indigente. Especialmente cuando en un refugio de la anterior administración del MIDES se gastaban más de 2000 pesos, para ofrecerles un alojamiento más precario. Lo que les molesta es quedar expuestos como los hipócritas miserables que son. Que se devele la facilidad con la que un problema tan innegable como la indigencia, se puede solucionar, exhibe a la vista de todos la inutilidad, el egoísmo narcisista de esta gente enamorada de su imagen de «solidario», de su chapa de «deconstruido» con «conciencia social». Devela que la única razón por la que no lo han resuelto durante los 15 años que fueron la «clase dominante» en la política uruguaya, fue porque desprecian y no tienen un gramo de esa «empatía» con la que hacen gárgaras, para el hombre desafortunado, porque en un 80% los indigentes son hombres, hombres que sufren sin voz, sin nadie que se preocupe por ellos.

Quizás la hipocresía del progrecheto es la manifestación más obscena de esta desidia con la que se ha tratado a los «sin techo», pero la indiferencia frente al fenómeno está en diversos grados presente en toda la sociedad y probablemente también en vos que me estás leyendo. Por algo tuvimos que esperar a que esas personas pudieran ser vectores de transmisión de una pandemia de la que la «gente bien» no está exenta, para que nos acordásemos de que existen.

Lejos estamos de sancionar o criticar la decisión del Ministro de Desarrollo Social, Pablo Bartol, de alojarlos en un hotel. Pero personalmente creo que deberíamos todos cuestionarnos si ésto no es un llamado a resolver de una vez por todas este flagelo de la indigencia. De estas quizás, mil personas, que viven en las calles de Montevideo. ¿De los cientos de miles de dólares que el gobierno prometió al feminismo para implementar su capricho de la LIVG (una ley que como se comprobó en España NO BAJA los índices de violencia ni homicidios contra mujeres), de todo ese dinero no podremos destinar una parte a garantizarle a estas personas un mínimo de dignidad?

Por este motivo, personalmente voy a plantear al resto de los Cónsules de Varones Unidos la propuesta de promover un juicio al estado llegado el caso de que a estos hombres y mujeres se los pretenda arrojar nuevamente a la calle una vez pasada la emergencia sanitaria. Sabemos bien que es su derecho constitucional, y que el estado tiene el deber de proporcionarles condiciones mínimas de dignidad humana. Sabemos que los recursos están. ¿Estaremos a la altura como país? Veremos.

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