El #Uruguay de Lacalle Pou: La república patriarcal.

«El Presidente es como un padre para una gran familia, y para mis hijos quiero libertad» comentó Luis Lacalle Pou ayer con Viviana Canosa. Decir que el presidente es «como un padre» es #Patriarcado puro y duro por donde se lo mire, pero para asombro de algunEs, la entrevista fue aclamada tanto en Uruguay como en Argentina, como una expresión del modelo de líder que necesita el Rio de la Plata, un modelo de #MasculinidadPositiva.

El Uruguay Patriarcal

«Yo creo que el Presidente es como un Padre de una gran familia. Ahora, yo para mis hijos quiero libertad, oportunidades, que sepan andar solos por el mundo, que tengan herramientas para la adaptación a este mundo tan cambiante y todo eso significa que quiero que sean libres, que se sepan autoterminar, y relacionarse, crecer y desarrollarse de la mejor manera. Porque los hijos no son todos iguales, no nacen todos iguales, no acceden todos a la misma educación ni la misma capacidad económica, no todos necesitan lo mismo, o no todos tienen las mismas carencias. Ahí está la sensibilidad de ese Padre de una gran familia para saber qué necesita cada uno para desarrollarse».

Quizás estamos malentendiendo el tanto despotricar contra el «machismo» de muchas personas – que seamos sinceros a veces se les dificulta encontrar la forma más propicia de expresar su descontento – y más que ser un reclamo por sustituir a los hombres por mujeres que es en lo que suele traducirse en cuanto a políticas, es un grito de desesperación porque los hombres de bien, la #MasculinidadPositiva, que naturalmente debería ocupar posiciones de autoridad, tenga la valentía y la capacidad de sacrificio necesarias para salir a la cancha y hacerlo.

«Cuando era estudiante de derecho y con algún político muy importante de acá, del país, he discutido sobre aquel viejo concepto de Hobbes, que el hombre es el lobo del hombre. Yo me he peleado toda mi vida contra ese concepto. El hombre es un ser social por excelencia. Y no solo cuida de sí mismo sino que cuida a su especie para los fines más básicos que pueden ser los reproductivos, de alimentación, etc. como los fines más complejos que se han desarrollado en la actualidad.»

Sabemos y es indiscutible que el apoyo político a las manifestaciones sociales más nocivas referidas popularmente como «feminazis» de #Misandria y #Hembrismo, tienen su origen no en una cuestión social, sino en situaciones familiares y privadas. Mujeres maltratadas, abandonadas y despreciadas por una figura masculina nociva, los hijos de esas mujeres que se criaron sin el apoyo y el amor de un padre, ya porque éste los abandonara o despreciara a los demás integrantes de su familia bajo el entendido moderno, anti-cristiano, al que refiere Lacalle Pou, de que «un hombre es un lobo para sus semejantes» (incluida su propia familia).

Un reciente hilo de Twitter sobre el tema, da cuenta elocuentemente de que el odio y desprecio generalizado hacia todo lo masculino en su manifestación más profunda, tiene en general como origen esta condición familiar concreta (prestar especial atención a las respuestas).

No es de extrañar que la actitud hobbesiana del «todos contra todos» haya causado estragos en las familias cuando da una convincente excusa para desoír la natural empatía entre seres humanos o para desatender los deberes respecto al otro, en particular los deberes familiares (masculinos y femeninos por igual).

La adopción profunda de esta idea, redunda en la expresión de una masculinidad desintegrada, afectivamente desamparada, ajena a la familia,  incapaz de establecer vínculos de confianza, obsesionada con el control y en conflicto con la sociedad en su conjunto: una masculinidad deconstruida.

En oposición a ésta, tenemos la #MasculinidadPositiva que demuestra Lacalle Pou y promovemos desde Varones Unidos: una masculinidad integrada, afectivamente anclada en vínculos de amistad, de pertenencia y sacrificio por la familia, capaz de establecer vínculos de confianza, y en agradecimiento (si bien no obediencia ciega) hacia la sociedad y el legado de las tradiciones recibidas en su conjunto.

La sociedad Rioplatense, como vemos, lejos de necesitar la remoción de la masculinidad por la que aboga el extremismo de izquierda, necesita desesperadamente una revalorización de la masculinidad y del rol paternal bien concebidos, desde el cuidado y la protección de la mujer y los hijos, así como una abundancia de buenos ejemplos para que las próximas generaciones de varones sean cada vez más dignos de la admiración de sus hijos, el amor de sus mujeres y la amistad de sus pares.

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