Reconocido historiador explica el peligro que corren las libertades individuales en occidente

Bill Federer
Bill Federer

Bill Federer (William J. Federer) es uno de los historiadores más reconocidos de occidente, autor de más de 20 libros que han vendido más de medio millón de copias alrededor del mundo. En una entrevista reciente, Federer describe un patrón de comportamiento de los gobernantes a través de la historia: el impulso por concentrar el poder que marca especialmente el estado de la política global ahora, con derivaciones al neomarxismo y las políticas de género.

A través de la historia la norma no es la república sino el autoritarismo.

Este es un tema que proviene desde el comienzo de la historia escrita. La escritura fué inventada hace 3000 o 4000 años, son entorno a 5000 o 6000 años. ¿Qué vemos durante este tiempo en cuanto a las libertades políticas?

  • 2000 años de civilización egipcia bajo faraones
  • 5000 años de civilización china bajo emperadores
  • Los persas
  • Los babilonios
  • El imperio romano
  • Los marajás en India
  • Los sultanes musulmanes
  • Los jefes africanos
  • Ghenghis Khan y los mongoles que mataron a 30 millones de personas desde Corea a Hungría
  • Los reyes de España, Francia, Austria e Inglaterra, que llegó a ser el reino más poderoso del mundo.

A través de la historia la norma no es la república sino el autoritarismo, algo así como un peso que la gravedad siempre busca hacer caer. – Bill Federer

El marxismo como herramienta para la instauración de autoritarismos

En términos prácticos, y visto desde la perspectiva de las libertades políticas, los regímenes comunistas han sido un retorno al autoritarismo, a la monarquía. Cada país comunista tiene un dictador: Stalin, Pol Pot, Ho Chi Minh, Castro, Mao Zedong… Los miembros del partido son la nobleza y el resto de la gente son el campesinado, los siervos. Pero sobrevolando todo esto está la tendencia histórica de los gobiernos a concentrar el poder.  – Bill Federer

Las repúblicas occidentales se crearon por oposición al autoritarismo

Quienes crearon las repúblicas occidentales en las que vivimos, buscaban apartarse en tanto como les fuera posible del poder concentrado del rey, del autócrata. Por eso dividieron el poder en 3 ramas, el ejecutivo (presidente y ministros), el legislativo (parlamentarios) y el judicial (jueces), etc.  – Bill Federer

Lo que vemos ahora y no solo en latinoamérica sino también en Europa y Estados Unidos, es que la política neomarxista está buscando desarticular esta estructura que contiene al poder y no lo deja concentrarse, con el objetivo último, siempre perseguido por el marxismo, de la hegemonía global.

Lo nuevo es que esto no se busca solamente desde el estado (Chavismo, Kirchnerismo), sino más sofisticadamente, desde la capa supra-estatal de las organizaciones internacionales que pretenden avasallar la soberanía de estados-nación financieramente endebles: dictando las políticas a implementar a los gobiernos electos. y obteniendo el poder para esto al controlar el financiamiento que otorgan.

De esta manera las decisiones pasan del gobierno nacional a entes burocráticos como la Unión Europea, cuyas estructuras muestran claras similaridades con instituciones de gobierno de tradición marxista, como la Unión Soviética (Vladimir Bukovsky, Peter Hitchens, Nigel Farage).

De más está decirlo, que estas instituciones no disponen de los mismos sistemas de contrapesos que los estados, para prevenir la concentración de poder y proteger las libertades individuales, sino que deliberadamente han sido desprovistas de ellos.

El feminismo y los lobbies LGBT, cuyo centro de poder opera desde estas instituciones supra-nacionales, no son ajenos a este proceso, sino parte integral del mismo.  Las políticas feministas y de normalización de las excentricidades sexuales que se proponen desde las organizaciones internacionales, apoyadas en la teoría de género, no deben entenderse inocentemente como políticas orientadas a la consecución de una igualdad de derechos que en los hechos ya existe, ni como búsqueda de apoyo electoral, dado que generan más rechazo que apoyo, sino como políticas de disrupción que dificultan la resistencia y preparan el terreno para la imposición de un nuevo órden.

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