Hombres maltratados

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Existe un gran prejuicio social para reconocer la violencia ejercida por las mujeres, pese a que todas las investigaciones prueban que una de cada tres víctimas de violencia doméstica es un hombre y que dos terceras partes de los infanticidios los cometen las madres. La violencia es un fenómeno humano complejo, bidireccional, que ejercen tanto hombres como mujeres, pero mientras que desde el Estado se publicitan, en contra de la recomendación de los expertos, todos los homicidios cometidos por varones, se silencian los asesinatos perpetrados por mujeres, hasta el punto que no existe ningún organismo oficial que los registre en la actualidad. No existe ningún teléfono ni institución pública que ayude a un hombre maltratado, por la férrea oposición de las asociaciones feministas, ésas que dicen defender la igualdad. ¿La desprotección absoluta del hombre implica una sobreprotección de la mujer? Por supuesto que no.

 

La periodista Nora Vázquez Martínez opina que “el feminismo utiliza a los hijos como instrumento de maltrato y daño para el padre. Los hombres también son maltratados, casos a diario y miles. No hay lucha ni tampoco salidas en las calles por aquellos hombres que tras un divorcio, el maltrato fue tal que no pudo volver a ver apenas a su hijo. El maltrato también se hace en los juzgados, mintiendo, manipulando y usando a los hijos como estrategia manipuladora para ganar la batalla“. En la misma línea, la criminóloga Paz Velasco de la Fuente apuntaba que “los hombres maltratados son una realidad incómoda, oculta y silenciada. En el año 2016 hubieron 55 víctimas: 32 mujeres asesinadas a manos de hombres y 23 hombres a manos de sus mujeres. ¿Por qué se victimiza más a la mujer y se la trata como víctima estrella y se criminaliza mediáticamente más al hombre y se ignora su muerte? ¿Por qué la muerte de un hombre a manos de su pareja o expareja no es noticia? Una de las formas más frecuentes de maltrato de la mujer hacia el hombre es impedir que el padre pueda ver a sus hijos“.

¿Por qué ese interés de ocultar e incluso justificar los actos violentos de las mujeres? Siempre que una mujer agrede a un hombre se asume que ha sido en defensa propia y cuando asesina a sus hijos, se califica el acto desde los medios de comunicación como “suicidio ampliado” o incluso “acto extremo de amor”. Desde el año 2006 el Ministerio de Sanidad sólo registra los menores asesinados por sus progenitores varones, no los asesinados por sus madres. ¿Por qué? Porque se nos pretende inculcar la falacia de que la violencia tiene género, siguiendo el mismo principio de orquestación que el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels aplicaba contra los judíos para promover el antisemitismo: una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. No interesa que existan registros fidedignos de la violencia en el ámbito de la pareja o de la violencia en el ámbito de la familia porque echaría por los suelos muchos de los prejuicios sociales elevados a la categoría de dogmas incuestionables por las asociaciones de mujeres que viven textualmente de la sangre de las verdaderas víctimas, mediante ingentes subvenciones públicas, y que escapan a cualquier tipo de control gubernamental.

El politólogo y ensayista Agustín Laje acertadamente advirtió que “la ideología de género nos llevó a interesarnos por los asesinatos y la violencia no en virtud de la humanidad de la víctima, sino del órgano sexual del victimario. Hoy tenemos, no por nada, víctimas de primera y segunda categoría”. Si queremos conseguir una sociedad libre de violencia, debemos condenarla en todas sus formas, independientemente del órgano sexual del victimario, y reconocer a todas las víctimas: mujeres, hombres, niños y ancianos. Quien pide justicia para unos y no para otros no pide justicia en absoluto. Todos, hombres y mujeres, podemos ser víctimas y victimarios en un momento dado de nuestra vida, y todos, somos dignos de protección.

 

Autor: Vicente Pellicer García

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