Hipersexualización y Prostitución Infantil: Consecuencias de la Destrucción de la Familia

El aumento de la hipersexualización y promiscuidad adolescente, y la prostitución de chicas menores de edad son dos fenómenos que vienen apareciendo con cada vez mayor frecuencia en nuestro país.

En las últimas décadas, los contextos universitarios, especialmente los más masivos y públicos se han convertido en verdaderos hervideros de promiscuidad y actitudes materialistas, superficiales e hiper-liberales respecto a la sexualidad, que no hacen nada por integrarla con buen criterio a la totalidad de la persona.

De estos contextos es que emerge la teoría de género, el feminismo radical, y el grueso de las conceptualizaciones académicas sobre la sexualidad, que la subordinan a cuestiones políticas.

A los ojos de esta academia, la hipersexualización adolescente y la prostitución infantil, no representan problemas prioritarios, ya que no se encuentran próximos a la preocupación principal de sus estudios que ya no es la búsqueda de la verdad sino el logro de objetivos políticos.

Por estos motivos, estas tendencias no están siendo objeto de estudio, ni recibiendo la atención adecuada por parte de la academia.

Prostitución Infantil y estructura familiar

Este problema en Uruguay no es menor. En lo relativo a la prostitución infantil, hemos recopilado multitud de casos en los que se repite el mismo patrón. Las madres de las chicas prostituidas, las «ofrecen» a hombres a cambio de dinero o favores. Casi en su totalidad, se trata de mujeres que no conviven con el padre de las chicas prostituidas, sino que, o viven solas con ellas, o tienen una nueva pareja, un «padrastro», que tiene sexo con la menor o al menos consiente que la chica sea prostituida.

Hipersexualización y Promiscuidad

En lo que respecta a la hipersexualización adolescente e infantil, hemos identificado algunos patrones que se repiten en estos casos.

Definimos como «niña o adolescente hipersexualizada» a la chica de 5 a 17 años que publica en sus redes sociales, imágenes o videos de explícito contenido sexual. La proporción de estas chicas que conviven con su padre y madre biológicos, es de tan solo el 11,8%, un 12.8% viven con su madre y un padrastro, el resto, 71.1% con su madre como único progenitor y un 4,3% con otras estructuras familiares (abuelos, tíos, etc.).

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